En este jardín de Gaultier, todos los pecados están permitidos. El propio Jean Paul sucumbe a la tentación. Crea una mujer original, tan sensual y radiante que nadie puede resistirse a ella. Es en ese lugar, tras el verde follaje de su icónica mirada, donde La Bella vive desnuda. Desde las curvas perfectas hasta el sensual frasco rojo. Un eau de parfum ámbar verdoso y un sencillo collar de rosas alrededor de su cuello. ¿Qué más podría desear Le Beau? La pera radiante, la bergamota fresca, la vainilla excitante hacen que los sentidos se aceleren hasta el punto de la adicción. Un verdadero anticipo del paraíso.
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